
La vida de un desarrollador está llena de historias, algunas de éxito, otras de aprendizaje, y unas pocas de absoluto caos. Hoy les traigo un relato real sobre un proyecto que terminó en desastre, pero del cual aprendí lecciones invaluables que todos deberíamos tener en cuenta.
El Contexto: El Cliente “Perfecto”
Todo empezó como suelen hacerlo muchos proyectos: con un correo optimista y una reunión llena de entusiasmo. Mi cliente quería una aplicación web para gestionar reservas de eventos. Era una idea sencilla, con requisitos que parecían claros:
- Registro y autenticación de usuarios.
- Calendarios interactivos.
- Notificaciones por correo.
Me aseguraron que ya tenían “todo pensado” y que solo faltaba alguien para “convertir sus ideas en realidad“.
La Realidad Golpea: Cambios Constantes en los Requisitos
El desarrollo comenzó sin problemas. Usé React y Node.js para construir un prototipo funcional en unas pocas semanas. Pero entonces llegaron los primeros ajustes:
- “¿Podemos integrar pagos ahora?”
- “El calendario debería permitir múltiples zonas horarias.”
- “¿Podríamos hacerlo también para dispositivos móviles?”
Pronto, los cambios y las adiciones empezaron a acumularse. Lo que era un proyecto manejable de 3 meses se transformó en un caos sin dirección.
Error n.º 1: No definí un alcance claro y cerrado desde el inicio.
La Trampa del “Podemos Hacerlo”
Como muchos desarrolladores, caí en la trampa del “sí, podemos hacerlo“. Aceptaba cada cambio pensando que no sería tan difícil. Pero cada nueva funcionalidad afectaba las existentes, obligándome a rehacer código y extender los plazos.
Error n.º 2: No establecí límites claros ni expliqué el impacto de los cambios en el cronograma.
El Fin: Un Cliente Insatisfecho y un Desarrollador Exhausto
Después de 6 meses de desarrollo, entregué una versión que cumplía con la mayoría de los requisitos (aunque no todos, porque seguían cambiando). El cliente no estaba contento.
Su feedback final fue algo como: “No es lo que imaginaba“.
Yo también estaba agotado, con muchas horas extras invertidas y un producto que sabía que no era lo suficientemente bueno.
Lecciones aprendidas
1. Define el Alcance del Proyecto desde el Inicio
El cliente y tú deben acordar claramente lo que se va a entregar. Es crucial documentar los requisitos y asegurarte de que ambas partes los entiendan.
2. Usa Contratos Flexibles con Términos Claros
Si el cliente quiere cambios, establece un sistema para calcular los costos adicionales y los tiempos de entrega afectados. Esto protege tu tiempo y asegura que el cliente entienda las implicaciones.
3. Itera, pero Comunica los Alcances de Cada Iteración
Un enfoque ágil puede ser tu salvación, pero requiere comunicación constante con el cliente sobre lo que incluye cada sprint.
4. Aprende a Decir “No”
No tengas miedo de rechazar cambios que no se alineen con el alcance inicial, especialmente si afectan drásticamente los plazos o tu carga de trabajo.
5. Documenta Todo
Cada decisión, cambio y actualización debe estar registrada. Esto protege tanto al cliente como a ti en caso de malentendidos.
En conclusión
Este proyecto fallido me enseñó que, como desarrolladores, no solo somos responsables de escribir código, sino también de gestionar las expectativas de nuestros clientes. Ahora, siempre pongo énfasis en la comunicación, la planificación y la gestión de alcance.
¿Tienes alguna historia similar? ¿Qué aprendiste de ella? ¡Déjanos tus comentarios!

Fernando Morales
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CEO, Designed By We
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